Se cayó el velo.


Recuerdo cuando regresĆ© al paĆ­s en 2005, si uno hablaba mal de Colombia se convertĆ­a en el acto en un enemigo pĆŗblico. Tengo que decir que fui vetado de todos los procesos artĆ­sticos en el paĆ­s por haber denunciado a las mafias de las artes como Sayco o Idartes, entre otras, llegando hasta el punto de ser apartado hasta de los procesos mĆ”s bĆ”sicos. Cuando hablaba de Colombia como el fracaso de paĆ­s que es, me comparaban con Vallejo y me llamaban frustrado, me decĆ­an “si no le gusta vĆ”yase” o “afuera hay lugares peores”. Pero despuĆ©s de muchos aƱos y mucho tiempo invertido todo ha comenzado a cambiar, los colombianos estĆ”n hoy en el momento en el que algunas corrientes de cambio social en el mundo se encontraban hace unos diez aƱos y esto nos hace ver que tal vez en menos de una dĆ©cada ya tendrĆ”n conciencia de sociedad y no de finca como sucede en la actualidad.

Hoy cuando visito las redes sociales y veo ese enorme mar de indignación, de memes, de sarcasmos, revivo mis momentos de angustia pensando en cómo era posible que un país rico en recursos como este estuviera habitado por tanto bellaco, siento esperanza en que tal vez, no para nuestra vida, pero pronto, podremos dar un giro hacía una sociedad un poco mÔs justa, al menos en donde no exista corrupción al 100% como sucede hoy en día.

Pero hoy por fin veo como el país estÔ cansado, como ya los colombianos se dieron cuenta que la mayoría de los medios de comunicación son ovejas serviles de los emperadores, como esa polarización solo sucede en el pueblo y que todos los corruptos son amigos, ya se dieron cuenta que el erario público es la casa de empeño y el banco privado de la clase política, se dieron cuenta que los partidos no tienen ideologías firmes sino negocios, se dieron cuenta que tenemos la peor educación, el peor transporte, que aunque tenemos un buen sistema de salud este no funciona como debe ser y que en Colombia todo, absolutamente todo esta corrupto. Eso no sucedía antes, la gente vivía con la camiseta de la selección gritando a los cuatro vientos que esto era un paraíso y otras doctrinas que nos metían a través de Caracol, RCN y los mediocres colegios a los que fuimos.

Los jóvenes ya no tienen miedo, se tiran a las calles, se quejan, insultan y si no fuera por la corrección política que les estÔ carcomiendo sus ideales y que es otra forma de control impuesta podrían haber cambiado ya algunas cosas, por eso los jóvenes necesitan ayuda en su desarrollo.

La gente ya no es la misma, ahora pelean, tal vez no con la furia que debiera porque saben que en este paƭs ir en contra del establecimiento es la muerte o el silencio, por eso no permiten tener armas al pueblo, para estar siempre a merced de los millones de asesinos, sicarios y delincuentes que pululan en esta finca con dueƱos ricos, capataces arrodillados y trabajadores llenos de necesidades.

Hoy en dĆ­a esta patria ya tiene lo mĆ”s importante que es la dignidad individual, muchos ya la construyeron, despertaron y se preguntaron ¿por quĆ© permitimos que esto suceda? Cosas enormes vienen, cosas que ya se han visto en otros lados, pero que acĆ” tienen una deuda con la historia. Es el momento de hacer que los de arriba en el mapa comiencen a querer venir a este supuesto paraĆ­so en lugar de que nosotros, como estĆ” sucediendo, escapemos de lo que Donald Trump con justa razón llamó hace un tiempo “hoyos de mierda”.

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