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ACÁ NO HAY ROLLING STONES



Un poco más de dos horas duró el concierto de la banda británica en Bogotá, dos horas de pura magia en donde nos dimos cuenta que para ser una leyenda no hay que estar en los veinte, ser hermoso ni mucho menos tocar bien sino crear lenguajes con el público. Después de una semana muy dura en donde he tratado de convencer de mi teoría a varias personas respecto a la situación del rock nacional y de darme cuenta que Colombia está cómoda como está y que la única causa buena es la propia, he descubierto en los escrito de Katia Mandoki una descripción de la relación de nosotros con las expresiones artísticas y que quiero tratar de describir acá en palabras sencillas.

El concierto de Los Rolling Stones me devolvió a aquellos años en los que todo se disfrutaba de maneras más inocentes, años en los que yo sentía que las cosas que a uno le gustaban eran sencillamente para eso, para gustar y nada más, para disfrutar.

¿Por qué en Colombia no hay Rolling Stones? Muy sencillo, porque el artista se olvidó de su público para centrarse en él mismo, ya no crea conexiones, no crea experiencias y eso es lo que al final el espectáculo vende, una experiencia que no puede tenerse en “el mundo real”

Acá se olvidaron de lo verdaderamente importante y cada persona quiere ser la protagonista del show, incluso lo managers o agentes de prensa, los publicistas, ya ni siquiera el artista es importante, se nos olvidó que el espectáculo es una industria para los demás.

Los que fueron al concierto y en realidad lo vivieron a través de sus ojos y oídos en lugar de grabarlo en el celular, estarán de acuerdo conmigo en que el momento más mágico de la noche fue la puesta en escena de “Simpathy for the devil” en donde la tarima se convirtió en el escenario de un poderoso aquelarre lleno de símbolos y de mensajes clandestinos que para cualquier mortal es un llamado al lado más oscuro de las religiones. Pero lo que en realidad estaban haciendo los Stones, era reafirmar la fama de “sus majestades Satánicas” y gritándole al mundo que ellos no son mortales, que aun después de cumplir setenta pueden correr durante dos horas y fumarse tres paquetes de cigarros en el escenario, que no estamos a su nivel y que ellos convierten en oro en lugar de en mierda las obleas que se comen, separaron su gloriosa vida de rockstars de la porquería de vida mortal que nosotros vivimos y pagamos por ir a escapar de ella un rato.

El artista en Colombia se olvidó de esa magia, de crear esos mundos a los cuales escapar y se han vuelto aburridos, tal vez la moda de sacar del rock todo lo malo acabó por convertir a las bandas en círculos egocéntricos que buscan la perfección, pero si se dieron cuenta quienes saben algo de música e interpretación, no es necesario tocar la guitarra de manera virtuosa, o la batería para poder trascender y dejar atrás cientos de millones de bandas que aún están tratando al menos de eructar como los Rolling Stones. Sin embargo y es lo más cómico, respetando el derecho que tiene cualquier persona a no gustarle algo, escucho a diario frases como “esa banda es una mierda”, “Eso es lo que hace el dinero” mientras en los bares vacíos y fríos siguen sonando esos músicos que detestan a todos los demás músicos y degradan todo lo que los demás hacen, en esos bares montados con dos millones de pesos porque el rock no da para más, mientras el verdadero mundo baila reguetón en palacios suntuosos disfrutando la vida sin tanta basura intelectual.

Es un llamado a guardar un momento el ego en el bolsillo y reinventarse como artistas, crear una experiencia única, acá hay bandas que lo consiguen, Koyi k Utho tiene un espectáculo que queda marcado en la mente, buena música, mucho poder en el escenario. Vulgarxito es todo un viaje y una clase magistral de cómo un músico ingresa en trance en su escenario y cautiva masas. Manuel Medrano sin mucho que decir se conecta plenamente con la audiencia, No Humano, La Black Riddim Band, The Beat Robbers y algunos otros lo han logrado. Hay que creérselo pero no para uno sino para el público, el público es lo más importante, lo que nos mueve, el factor que diferencia la supervivencia o no de nuestra escena. Cuando piensen en ustedes en un escenario, piensen que están sentados viéndose ¿Qué les gustaría ver? Keith Richards con dos acordes destruye muchos discursos virtuosos y noes que estén mal, es que el poder del escenario no lo domina cualquiera.

Mientras eso no suceda, jamás habrá Rolling tones en Colombia.

P.D. Pido perdón por mi horrenda redacción, sencillamente más de veinte años estudiando parece que no han podido dar la talla a los blogeros empíricos que tanto valoran en este país y tienen por modelos, pero al menos trato. Saludos.