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ESPECIAL EN EL ESPECTADOR RESPECTO A LA POLÉMICA DE ROCK AL PARQUE


Rock al Parque: ¿democrático?
Cultura
2 Jul 2017 - 9:00 PM
Mónica Rivera

Cada año hay críticas por el cartel de Rock al Parque e, incluso, se oyen quejas de que las bandas se eligen por intereses particulares. Sin embargo, los curadores del festival defienden el proceso de selección. Dicen que es riguroso y transparente.

Los bogotanos se preparan este lunes para disfrutar del cierre del evento musical más importante de la ciudad: Rock al Parque. A pesar de los buenos comentarios de los asistentes, en esta edición tampoco se salvó de las críticas. Ya es común que cada año se reviva la polémica alrededor de la selección de las bandas que logran un lugar en la programación. Mientras algunos apuntan a que existe una supuesta “rosca”, que obedece a intereses personales y que privilegia a bandas que ni son del género, los organizadores insisten en la transparencia del proceso.

La polémica este año empezó temprano. El 12 de mayo se supo que Idartes, entidad que organiza el evento, canceló la participación de un invitado internacional: el rockero venezolano Paul Gillman, quien públicamente apoya al gobierno de Nicolás Maduro. Para muchos, la decisión fue un golpe al espíritu del festival, que siempre se ha mantenido al margen de las posiciones políticas.

Ante la controversia, la respuesta de la entidad distrital fue que lo había hecho “por cuestiones de seguridad”, al surgir una campaña de odio contra el artista por redes sociales. Incluso una fuente le comentó a este diario que hasta la oficina del Distrito llegaron amenazas de boicot si el venezolano se presentaba. A pesar de las críticas, la decisión se mantuvo.

A este episodio se sumó otro, que ratificó la molestia de algunos seguidores del festival con sus organizadores: el músico Felipe Szarruk radicó una tutela, en la que pidió que le cambiaran el nombre al festival o que lo cancelaran. Según él, invitar bandas que se salían de los estándares de lo que se puede llamar grupo de rock y el hecho de que solo el 20 % de las agrupaciones se eligieran por convocatoria y el resto lo hiciera un curador vulneraban los derechos a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad. Aunque un juzgado aceptó estudiar el caso, al final no prosperó.

¿Cómo es el proceso?

La selección de las bandas está a cargo de un curador. Esta tarea la cumple hoy Chucky García, actual curador del festival, quien explica que hay tres tipos de selecciones: distritales, nacionales e internacionales. “Buscamos articularlos de manera sana y armoniosa, para que al final haya propuestas conservadoras y de la nueva generación”, dice.

Después de esto, se organiza el cronograma de los tres días: “La idea es que haya coherencia de géneros y que alternen las bandas. Aquí no hay un tema de preferencia del coordinador, sino de balancear una programación establecida”.

Los procesos son diferentes para cada caso. En el de las bandas internacionales, se reciben propuestas; hay unas ya fichadas por su desempeño, y otras que son ofrecidas por sus mánagers. Por último, se tienen en cuenta los grupos elegidos en otros festivales, como la Filpro, de Guadalajara, o el Boom, de Bogotá. Por ejemplo, este año “estuvimos en un evento que se llama Sound of The Xity (SOTX), en Pekín, de donde trajimos una banda de China”, señala García.

En la elección de las bandas nacionales, se tienen en cuenta varios criterios, como su trayectoria, su calidad e incluso sus semejanzas musicales con las bandas internacionales y locales. Finalmente, está la convocatoria de bandas locales. Dentro de sus requisitos está tener, al menos, dos años de existencia. De este proceso se encargan tres jurados, elegidos por la gerencia de música de Idartes. Este es uno de los más criticados, ya que la mayoría de las veces se reciben más de 200 propuestas y, según critica Szarruk, no hay forma de verificar si todas son evaluadas.

El debate

Pero estos no son los únicos criterios de selección. Daniel Casas dice que, en muchas ocasiones, el nivel de los artistas invitados depende de la capacidad económica, del nivel de gestión y de negociación del curador. “En 2005, logramos traer a Apocalíptica, por US$15.000. En esa época era un precio irrisorio. En 2010, nos cobraban US$150.000”.

Julio Correal, empresario musical, considera que el curador es quien propone un cartel internacional a su antojo. Aunque aclara que el trabajo no ha sido malo; cree que debería ser más abierto. No duda en que Idartes tiene limitaciones económicas que hacen difícil la contratación de bandas importantes. Esto dificulta traer a grupos populares que la gente quisiera ver.

María Clara Espinel, mánager de la Chiva Gantiva y quien trabajó para el festival en 2012, asegura que el proceso es transparente y riguroso. Sin embargo, no les da tanta importancia a las críticas sobre el proceso de selección. Le preocupa que no se indague en los procesos de los grupos musicales que no han pasado los filtros del festival. Cuenta que, hace tres años, un jurado, miembro de una banda de metal internacional, tenía la tarea de elegir las mejores bandas de rock de Bogotá. Para sorpresa de muchos, incluso del Distrito, seleccionó más grupos alternativos, con el argumento de que el nivel de metal y rock en Bogotá es muy bajo.

“Por eso creo que la salida es que Idartes empiece a preguntarse por qué siempre quedan las mismas bandas y evalúe los procesos de las que no pasan los filtros. Fue un espacio construido para apoyar la escena distrital, para que tuvieran visibilidad y pudieran mostrar sus propuestas musicales. Hay que volver a esa esencia. Y ahí también debe haber una intención de los grupos de renovarse y participar en los espacios destinados para el aprendizaje”, agrega.

Eso, por supuesto, obliga a que el público sea más receptivo a otras alternativas de música y no prefiera sólo el rock. Espinel insiste en que el festival ha crecido y generado nuevas necesidades y dinámicas. Por eso no le parece descabellado, como manifiestan los más tradicionales, que hoy estén en el cartel bandas como Bomba Estéreo, que no pertenecen a este género, pero tienen una apuesta interesante. “Hay que entender que el rock, más que un género, es una actitud”.

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