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miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL CUERPO


Me levanté de manera violenta y me arranqué de mi cuerpo. Podía verme aun acostado en la cama con mi gran fisionomía respirando como un animal que está invernando. Mi frente sudaba aún con los dos ventiladores prendidos y el estómago subía y bajaba de manera grotesca con cada respiración. -Me desconozco- pensé, ese no era yo, yo era un hombre apuesto, de formas delicadas, guapo, no ese animal gordo que se está quedando calvo y que de vez en cuando suelta un ronquido como un jabalí antes de comer, ese no era yo, sentía pena por mí mismo.

Decidí arreglarme un poco, tratar de verme desde afuera y reparar algunas cosas, nunca me había visto la espalda más que en el espejo. Levanté la camisa y me examiné, mis pies, mis piernas, la cara, nunca había visto mi cara más que en el espejo, a través de mis ojos y hoy podía verlo como si fueran otros ojos ¿A dónde se fue el pelo? Que pasó conmigo, la maldita edad hace estragos, pero el alma sigue siendo la misma pantera salvaje que creció dentro de esta masa deforme que hoy llamo “yo”.

Traje un balde de agua y comencé a lavar mi cuerpo, centímetro a centímetro, a quitarle las imperfecciones, cortar las uñas de las manos y los pies, limar asperezas, rasurar la barba, arrancar los vellos. Traje un vestido y se lo coloqué al cuerpo que yacía en la cama sin alma, no sin vida… sin alma, porque el alma era yo que estaba decidiendo si quería seguir viviendo en ese ataúd que respira o mejor dejarme ir.

Pensando en esto estaba, cuando me di cuenta de que tal vez estaba muerto y miré alrededor, el cuarto donde habitaba, el baño a donde me gustaba ir a abrir la ducha en las noches de calor solo para que el aire húmedo me refrescara, miré por la ventana porque ya era de día y todo estaba ahí, nada diferente, nada ha cambiado… y miré el cuerpo el cual aún sudaba. No estoy muerto, me arranqué con violencia de él.

Una vez terminada mi meditación, decidí caminar por el apartamento estando sin cuerpo, sin sentir el calor, sabiendo que en ese momento era un espíritu, un fantasma o lo que quiera ser, la verdad no importaba, pensaba si podía habitar otro cuerpo, de persona o animal, si podía arrancar a alguien del suyo y posesionarme como un demonio del de esa persona y luchar para echarlo de ahí, de otro cuerpo más guapo que el mío, más fuerte, más flaco, con más pelo, tal vez que fuera dueño de muchas cosas materiales, un cuerpo con dinero, un cuerpo que valiera algo más que la posesión de un nombre, un nombre que no me gustaba para ese cuerpo.

Retorné a la habitación y me vi por última vez antes de encarnarme, sabía que otra vez debería abrir los ojos y levantar esa masa pesada y bochornosa que una vez fue bella, que debía comer, mear, cagar, cepillarme, bañarme, vestirme y hacer todas esas cosas que se necesita para mantener de alguna forma toda esa carne que camina. Suspiré y me tiré en mi cuerpo y sentí cuando caí en el cómo dentro de una lata, de una caverna oscura y lodosa. Me acomodé hasta me mis ojos encajaron como una máscara y de nuevo fuimos uno solo, mi alma hermosa… con este maldito cuerpo. 

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