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domingo, 25 de noviembre de 2018

¿POR QUÉ LA ECONOMÍA NARANJA NO LE GUSTA A LOS ARTISTAS?

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Para entrar en materia debemos entender primero a que se refiere la palabra “artista” en nuestro país. Artista no es el farandulero, artista tampoco es el intérprete, tampoco el “entretenedor” o Entertainer, palabra que no tenemos en el español y que define perfectamente a aquellos personajes que trabajan en la industria del espectáculo por dinero. Un artista es un ser mucho más complejo, en palabras de Enrique Jardiel Poncela, -Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.- Un artista no es un ser meramente performatico, es un creador, una persona que materializa en su instrumento sus ideas, su visión del mundo, sea cual sea este instrumento, palabras, pinturas, música, acciones, el artista crea y se dedica a crear, vive sus mundos internos y tiene una necesidad casi farmacológica por comunicar, por eso casi siempre el artista es un comunicador, la fama no le interesa, la fama generalmente le llega por alguna razón pero no por su búsqueda, -La fama es un trozo de nada que el artista agarra al vuelo sin saber por qué.- dijo alguna vez el escritor Fernando Arrabal.

Y así ha funcionado por siglos, la tal Economía Naranja, término acuñado en Colombia y Latinoamérica para referirse a la “capitalización” del arte no es un concepto nuevo, de hecho, es tan antiguo como la misma humanidad, personas que se dan cuenta que los artistas tienen otra búsqueda y que se pueden aprovechar de ellos para vender su arte y convertirlo en un producto. En resumen, son personas ajenas al arte buscando lucrarse del arte en donde quien menos gana generalmente es el artista. Es el modelo que se ha repetido durante siglos y siglos únicamente que en Colombia en donde la gente tiene la necesidad de robar ante la incapacidad de hacer dinero ha descubierto últimamente. 

Si esta “Economía Naranja” fuera honesta, los artistas serían los primeros en buscarla, pero no lo es, tenemos cientos de ejemplos en donde hemos visto manipularse las practicas en favor de personas que buscan dinero y nada más. Nuestra ministra de Cultura es abogada, comenzando por ahí, fue escogida al dedo porque es afro y según palabras del presidente “porque le gusta el folclor”, ¿Cómo puede alguien ajeno a la cultura ocuparse de la cultura?  Rock al Parque está en manos de personas que no les gusta y no saben que es el rock, ¿Cómo puede ocuparse del rock alguien ajeno al rock?, la economía naranja no es más que la legalización de los robos que le han hecho a los artistas durante décadas en Colombia. Como Sayco, una entidad de ladrones que se lucran de los músicos, como Cámara y Comercio que imparte conferencias por personas empíricas que han confundido el arte con salir en una revista, acá no existe la rigurosidad académica para formar personas en el arte y el arte ha sido confundido de manera espantosa con la farándula y el figurar.

Por eso a los artistas, a los que se dedican al arte, a los que lo han estudiado y viven sus procesos de creación, no les gusta ni les interesa la Economía naranja, porque sencillamente son ebrios peleando por el trago de quien lo compró. Un promotor musical es un ebrio que vende el licor de las canciones de otro, un negociante de arte es un ebrio que vende lo que pinta el licor de otro y a ellos precisamente es a quienes les interesa esta Economía Naranja. No al artista, no al creador. 

Las estaciones de radio, las galerías, los empresarios de conciertos, los bares, las editoriales entre muchos otros, son los negocios que se lucran del artista quien muere en la miseria en este país, pero sobre todo a quien más le sirve esta economía naranja es a la industria del espectáculo que está vendiendo humo y personajes mediocres como grandes luminarias del arte, convenciendo al publico de que esto es arte, de que la sección de cultura es la que se ve en el noticiero al final de cada emisión, que el espectáculo equivale al arte de un país y eso es triste.

Si se quiere de verdad aportar al bienestar del arte entonces hay que pensar en el que quienes lo hacen, en el artista. Es muy difícil en un país manipulado en donde cualquiera es periodista y ni siquiera se han logrado articular los medios de comunicación para que sean parte de un clúster que beneficie a todos. Si se quisiera de verdad ayudar al artista entonces deberían existir planes sociales para que el artista pueda crear sin tener que vivir como un mendigo, donde existiera salud, sueldo y educación para ellos y no un montón de beneficios inventados por una serie de personajes que están metidos en todo menos en el arte y que carecen absolutamente del conocimiento de las practicas y las escenas de nuestra nación.

Hay que ser un artista para entender a otro. Los críticos de arte no se parecen mucho a los grandes pintores.
Norman Mailer 

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