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sábado, 13 de abril de 2019

JUANES Y ROCK AL PARQUE


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ROCK AL PARQUE 2019 Y JUANES, ¡SE TENÍA QUE DECIR Y SE DIJO! (Columna)
Dejé de asistir a Rock al Parque desde hace varias ediciones después de haber sido fiel asistente desde 1995, en su primera edición, lo dejé de hacer porque el festival perdió el rumbo siendo su punto más bajo la edición del 2013 en donde no había más en donde caer, el espacio se entregó a ideologías equivocadas y al nepotismo, se apagaba cada vez más, con algunas pocas excepciones Rock al Parque se convirtió en “De todo al Parque” amparados en una falsa diversidad y en echar mano a las bandas de los bookers no importaba su género, al final vimos de todo menos rock.

Pero después de tanto aparece este año un cartel que es respetable y acorde al nombre, trayectoria y procesos que un espacio de estos debe tener, un cartel con anuncios que llenan las expectativas de todos los públicos, una lista de bandas que si vinieran bajo firmas de las empresas que organizan conciertos, no alcanzarían cinco años de trabajo para pagar los boletos excesivos de un país en que el sueldo mínimo es de un poco más de 200 dólares y los boletos doblan en su mayoría este precio, habría que dejar de comer diez años para que un trabajador estándar asistiera a todos los shows. Siempre he peleado con furia porque el festival sea el espacio coherente con la política cultural que profesa y no una fiesta de contrataciones por amistad sin tener en cuenta la coherencia de género en la música.

Creo que mucho tuvo que ver la clase de producción que nos dio el Festival Altavoz el año anterior, en donde con menos presupuesto lograron realizar un espectáculo de clase mundial, como siempre, Medellín adelante de Bogotá en rock, cuando acá sonaba Enanitos Verdes en Medellín llevaban más de una década descubriendo el punk, el Metal extremo y el rock, lamentablemente Colombia nunca vivió la época gloriosa del rock, mientras en el mundo explotaba acá, seguíamos con La Plaga y Love Bites.



Por eso lo que ha sucedido con el anuncio de este año es importante, porque no solo es uno de los mejores carteles que se ha anunciado, sino que regresa al origen, presentando rock en todas sus corrientes, explorando nuevos artistas y no los mismos que han tocado ocho y hasta diez veces, retornando al gusto del público y no al contrato del booker amigo, es una esperanza para un género que ha estado renaciendo cada vez más fuerte y lo hemos visto con los grandes conciertos, la película de Queen, la de Motley Crue y los cientos de nuevas bandas de rock conformadas por jovencitos que han aprendido a amar las notas distorsionadas y los riffs atrevidos. Este año volveré contento a Rock al Parque a escuchar, a hacer entrevistas, a disfrutar.

Ahora, la frase de moda por estos días es que “alguien tenía que decirlo y se dijo”, pues la voy a aplicar para ilustrar la arrogancia e incoherencia de muchos en esta patria y la ansiedad de pelear sin razones y sin causas, Juanes es un hombre que ha hecho rock desde los años ochenta, fue pionero en estas tierras, parte de Ekhymosis en donde su álbum NIÑO GIGANTE es una de las piezas claves de la historia del rock de Medellín, después emprendieron un camino en búsqueda de las fusiones donde canciones como “La Tierra”, “Sin rencores” lo lograron de una manera muy decente en el contexto que los noventa estaba demarcando. Se fue para Los Angeles a literalmente “comer mierda” mientras acaba su proyecto y a diferencia de Shakira, cuando Juanes logró la estabilidad llamó a sus parceros, a sus amigos de Colombia para que fueran ellos los que lo acompañaran en el camino del éxito. Tiene el record en Premios Grammy (Aunque estos no reflejen mucho en la actual industria) y también ha sido reconocido con decenas de otros galardones, números uno, giras internacionales y colaboraciones con los más grandes. Y si bien es cierto que sus últimos trabajos no tienen nada que ver con el rock, porque probablemente se hartó de un público mezquino y insultante, se dio cuenta que tal vez adentrándose en el reguetón y la música popular de fiesta encontraría de nuevo un público que no le diera la espalda. Hoy veo a muchos criticándolo, muchos que jamás han aportado ni hecho nada por el rock mientras que esos mismos se quedaron callados cuando Rock al Parque pintó de cumbia, de Carranca, de Hip Hop, de Folclor, de Pop Electrónico las tarimas que eran para el rock, si hay alguien que merece estar en Rock al Parque es Juan Esteban Aristizabal y si hay alguien que no merece ir son todos aquellos tibios que se callan ante lo injusto y que critican lo que lo es correcto, el colombiano es muy conveniente. Por eso defiendo fieramente a Juanes y siento un poco de vergüenza por la mediocridad de pensamiento en Colombia.

Así que este año regresaré a Rock al Parque a escuchar rock, a vivir rock y quien sabe, tal vez hasta busquemos una alianza con ellos, porque si es para construir, todo es esfuerzo es válido y si tocó esperar diez años para que el festival retomara las riendas para el propósito por el que fue creado, entonces llegó el momento de unir fuerzas nuevamente para que ese camino no se pierda otra vez y para que continúe con lo que se propuso este año, que el rock regrese a Bogotá, de la mano de un festival que al final es un espacio que mucha gente aprovecha porque casi no hay en el país. 

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